domingo, 6 de diciembre de 2009

Clase de Nilda Hermann: “De una cuestión preliminar…” - 29/4/09

Hospital Central de San Isidro – Servicio de Salud Mental
Curso Anual 2009: Síntoma <> Lazo Social


Coordinación: G. Belaga (más-uno), M. Bureau, L. Erbin, L. Leserre, B. Quiroga, A. Rógora



Queridos amigos, compañeros y colegas:

En primer lugar quiero agradecer a los integrantes del cartel de coordinación de este curso, Guillermo Belaga, Mónica Bureau, Lisa Erbin, Lucas Leserre, Belén Quiroga y Adriana Rógora la decisión de proponerme desarrollar esta clase, que es una oportunidad de dirigirme a ustedes y también hoy de felicitar por el premio merecido a los autores del poster: "Análisis de la demanda e intervenciones en la urgencia en salud mental en el Hospital Central de San Isidro: conclusiones", Jimena Jorge, Marta Coronel, Lucas Leserre, Inés Sotelo y Guillermo Belaga, porque en el último Congreso Argentino de Psiquiatría fue acreedor de la Mención Especial del Premio Poster APSA 2009. El trabajo da cuenta de la investigación (PROINPSI) que realizó el Servicio de Salud Mental conjuntamente con la práctica Clínica de la Urgencia, de la Facultad de Psicología (UBA).

Vamos a continuar nuestra conversación de los miércoles sobre la práctica en el Hospital, que este año versa sobre “Síntoma <> Lazo social”.

Como ya fue anunciado, nos orientaremos en la enseñanza de Jaques-A. Miller siguiendo casi “en tiempo real” su curso de La Orientación Lacaniana 2008-2009, Cosas de finura en psicoanálisis.

Quiero compartir con ustedes mi lectura de la primera clase, voy a tomar aquí las cuestiones que para mí  fue reabriendo en relación a nuestro contexto; este lugar donde inscribimos sintomáticamente nuestra práctica del lazo social, con algunos desde hace muchos años, tanto es así, que los considero más que mis compañeros de ruta, mis congéneres de laberinto, prisioneros como somos, no podemos decir el color del disco que llevamos, podemos sí calcularlo, tenemos alguna noticia de que la sociedad es uno de los círculos del infierno, y que no por ello se debe retroceder porque eso sería desvanecerse.

Entonces la primera cuestión que quiero retomar es la que planteó Guillermo Belaga en la clase de apertura de este Curso acerca de nuestra comunidad, que se inscribe en la práctica del psicoanálisis en la medida que -como los prisioneros del apólogo lacaniano y como los psicoanalistas- nosotros tenemos un saber del que no podemos sostenernos y esto no es contradictorio, es por ello que debemos calcular juntos, este Curso es nuestro cálculo, un cálculo al que los invitamos a sumarse como modo de entrada al Servicio para quienes así lo deseen; aquí calculamos a partir de lo que podemos extraer de nuestra experiencia en el Servicio, uno por uno, sabiendo que si cada uno hace un movimiento – “sé lo que sé”- solo puede alcanzarlo a través del cálculo que los otros le brindan. Es necesario hacer un cálculo, y que nadie lo estropee con una percepción errónea que vuelva imposible el cálculo para los otros. Esto último, como se darán cuenta, no es una tarea fácil, es muy exigente… los beneficios que se obtienen lo valen, inclusive el de hacer las lecturas de cómo fallamos en conseguirlo.

Extraje algunas de estas cuestiones de un artículo de Eric Laurent “Una carta de Freud” -les recomiendo su lectura- me lo evocó el último ateneo que compartimos el miércoles pasado presentado por Inés Iammatteo. Inés nos decía: “A partir del recomienzo del tratamiento, la dificultad en la dirección del mismo y de mis dudas diagnósticas decido llevar a control el caso”. No es que le faltaran datos para un diagnóstico estructural, ella misma los ofrece en su transmisión del caso, sí había y hay una dificultad propia de ese caso, en el que decide adentrarse buscando ubicar las coordenadas de esa consulta singular; lo que quiero resaltar es que Inés da cuenta de que sabe algo sobre “La verdad [que] se anuda a un cálculo lógico. Esto no constituye un sujeto colectivo de la enunciación. Se está solo frente a la posibilidad de alcanzar la verdad, pero el cálculo es colectivo, uno por uno. Es la única salida.”, nos enseña E. Laurent. 

¿De qué verdad estaríamos hablando? Podría uno preguntarse y es por aquí que voy a entrar a la primera clase del curso Cosas de finura en psicoanálisis, J. –A. Miller afirma allí, “Sin duda el mundo juzga al psicoanálisis en función de sus resultados terapéuticos. Esta no es una razón para que el psicoanálisis haga suyo este criterio. Estamos forzados a formular […] una doctrina de la doble verdad, forzados a distinguir lo que es verdad para el mundo y lo que es verdad para el psicoanálisis; lo que es verdad para el mundo, que el psicoanálisis vale como terapéutica, no es verdad para el psicoanálisis, que es que vale como deseo, como medio de emergencia de un deseo inédito y cuya estructura es aún ampliamente desconocida.” En este sentido va a decir: “Al menos en psicoanálisis uno no se focaliza en el efecto curativo y es por ello que abandonamos el término de cura por el de experiencia analítica.” También nosotros en este Curso lo hicimos, como recordó Guillermo Belaga en la clase de apertura, desde hace 10 años lo inscribimos bajo la forma “La práctica en el Hospital”.

Considero esto sumamente importante para nosotros ya que nuestro ámbito es precisamente el de la terapéutica; ahora bien la terapéutica tiene modos de abordaje no homogéneos, también en el psicoanálisis, hay una cuestión muy actual en este momento respecto de este tema, referido a los llamados “efectos terapéuticos rápidos”, que nos incumbe especialmente y por eso es necesario entender lo mejor posible de qué se trata, para poder hacer nuestro cálculo, el que conviene a nuestro campo de aplicación, un Servicio de Salud Mental, en un Hospital Público.
Voy a volver sobre esto pero antes quiero continuar un poco más con el tema del lazo social y el argumento sobre la verdad en la experiencia analítica.

Miller hace referencia a dos clínicas que pueden deducirse de la enseñanza de Lacan, una primera en la que sigue a Freud, la llamada clínica estructural, y luego una segunda deducida de los últimos desarrollos de Lacan, la llamada clínica borromea.

Lo dice así: “…se dice a veces, la clínica borromea en su oposición con la clínica estructural, la que distingue neurosis, psicosis y perversión. No puedo desconocer que tengo que ver con esto, y que eso se cocinó así. Entonces, esto me da a la vez el deber y quizá la autoridad de decir, que la oposición de la antigua y de la nueva requiere alguna dialéctica, pues la antigua está conservada en la nueva. Y luego, ¿qué dice, esta nueva, o esta segunda clínica? Mucho más que la primera, invalida, ridiculiza la idea de cura, relativiza el efecto terapéutico. Y yo lo demuestro.

Primeramente, esta segunda clínica destruye en sus bases la referencia a la normalidad, a la salud mental, tomando como principio esta fórmula […] Todo el mundo está loco, es decir delirante. Habría que estar ciego y sordo para no percibir que esto es destruir toda posibilidad de hacer emerger una noción de la normalidad – está hecha para que no se llegue allí. Del mismo modo que se definía antiguamente la verdad por […] la adecuación de la cosa y de la mente, o del entendimiento - aquí esta fórmula de la que hago un principio, que todo el mundo está loco, plantea como radical la inadecuación de lo real y de lo mental, y comporta que de lo real no se pueda decir más que lo falso, no se pueda más que mentir.”

Tendremos que estudiar esta cuestión de lo real, esta noción, este registro, no tiene el mismo estatuto a lo largo de la enseñanza de Lacan, quizá el ámbito más propicio entre nosotros para trabajar los conceptos sean los “Grupos de investigación”. Pero también nuestras “Casuísticas”, los “Ateneos” y las “Presentaciones de enfermos”, pueden ponernos en contacto con ellos, porque hay algo de nuestra práctica en la medida que la abordamos desde la orientación lacaniana que nos puede dar una experiencia del asunto.

En la clase que estamos siguiendo Miller aborda lo real diciendo: “Lo que es contingente está separado del concepto – forma parte del concepto de la contingencia.”

Esta separación, esta hiancia entre concepto y real no se subsana, es radical; podríamos decir entonces que tenemos siempre un problema por abordar estas cuestiones desde lo simbólico, desde los conceptos, y estamos siempre ante el riesgo de la estafa o la impostura, este es uno de los problemas cruciales del psicoanálisis: cómo incidimos, y si incidimos, desde lo simbólico en lo real.

En principio, quiero destacar en relación a la verdad, la no adecuación, Lacan la expresó como tesis: "…no hay verdad que al pasar por la atención no mienta".

Nosotros podemos tomar por ejemplo la no adecuación entre el diagnóstico como categoría de una clase y el motivo particular de consulta de cada paciente, y si es del paciente la consulta, la “interconsulta” trabaja mucho esta cuestión. En el “Caso o viñeta clínica”, estamos a favor del arte del diagnóstico, y de no perder de vista la “contingencia dramática” en que la consulta se produce, esto lo vimos ya en nuestra primera “Casuística sobre la admisión”, donde se trató de casos de los “recién llegados”, el cómo llegan, el modo de recepción y que hay algo que se juega entre el alojamiento y el consentimiento en esas consultas cada vez. Hemos trabajado un grupo de nosotros exhaustivamente esta cuestión hace unos años, fue muy divertido, y yo aprendí mucho con mis colegas en ese trabajo, lo escribimos y lo titulamos “Las nuevas formas de la transferencia en la admisión”.

Vamos a seguir presentando casos donde se trata de saber si el individuo, la persona que consulta, pertenece a la clase de los histéricos, de los neuróticos obsesivos o de las psicosis, y a la vez presentamos a cada sujeto como uno, en su particularidad, tratando de aislar lo singular de ese caso, esto lo trabajamos a nivel de los controles y también aquí, en nuestras conversaciones de las Casuísticas y los Ateneos.

¿Por qué lo hacemos así? La respuesta que encuentro en esta clase de Miller a esta pregunta sobre nuestra pragmática es la siguiente: “Un caso particular, no es un caso de una regla, no es el ejemplar de un universal, no es la ejemplificación de lo general. Y la pragmática es la disciplina que intenta encontrar la regla a partir de un caso particular, toma en el fondo el caso particular siempre como una excepción a la regla. A partir de allí, el caso particular es una cosa de finura, que debemos abordar con lo que Pascal llamaba el espíritu de finura…”

Es precioso esto del “espíritu de finura”, es a lo que aludo aquí más toscamente llamándolo “nuestro cálculo”, Miller nos recuerda que “…es el primer pensamiento de Pascal, lo que hay que llamar el desfallecimiento del matema, es Pascal matemático quien como se sabe, lo adivina, es lo que no es satisfecho por la estructura.”

Pensé en abordar esto con alguien con otro tipo de distancia que la de época para con nosotros –piensen que Pascal nació en 1623- en quien pensé es un japonés, Junichiro Tanizaki (1886-1965) y particularmente en su ensayo escrito en 1933, El elogio de la sombra; se me ocurrió como ejemplo de las "cosas de finura” que aísla Miller y a raíz de un comentario que hizo Guillermo Belaga en la primera clase sobre “lo oscuro” y también lo que me pareció que fue su decisión de no abordar, no preguntar, en la última Presentación de enfermos sobre algunas de las cuestiones que sospechamos como más “escabrosas” de las aventuras violentas del paciente entrevistado, podríamos decir que Guillermo Belaga las ubicó en un cono de sombra, y fue su manera de trasmitirnos, de enseñarnos que hay algo allí por donde no conviene entrar.

Lo que plantea Tanizaki es que “En Occidente, el más poderoso aliado de la belleza fue siempre la luz; en la estética tradicional japonesa lo esencial está en captar el enigma de la sombra. Lo bello no es una sustancia en sí sino un juego de claroscuros producido por la yuxtaposición de las diferentes sustancias que va formando el juego sutil de las modulaciones de la sombra. Lo mismo que una piedra fosforescente en la oscuridad pierde toda su fascinante sensación de joya preciosa si fuera expuesta a plena luz, la belleza pierde toda su existencia si se suprimen los efectos de la sombra.” Si sustituyen ustedes belleza por enseñanza creo que podemos hacer un uso que nos conviene.

En este ensayo clásico, Junichirò Tanizaki va desarrollando con gran refinamiento esta idea medular del pensamiento oriental, clave para entender el color de las lacas, de la tinta o de los trajes del teatro, o para aprender a apreciar el aspecto antiguo del papel o los reflejos velados en la pátina de los objetos; para prevenirnos contra todo lo que brilla; o para captar la belleza en la llama vacilante de una lámpara y descubrir el alma de la arquitectura a través de los grados de opacidad de los materiales y el silencio y la penumbra del espacio vacío.”

Después de esta digresión, avancemos con Miller, ya que nuestro curso, como dijimos, versará sobre Síntoma <> Lazo social:
“… la segunda clínica amplía el concepto del síntoma, heredado de Freud, este síntoma es susceptible de levantarse, según la expresión consagrada, ella amplía el concepto freudiano del síntoma hasta incluir allí, de manera esencial, esos restos sintomáticos, de los cuales habla Freud al final del análisis y que lo conducen […] a pensar que el análisis no tiene fin, por lo que subsiste del síntoma.” La segunda clínica psicoanalítica es la que reconfigura el concepto del síntoma sobre el modelo de estos restos. Y lo que Lacan llamó el sinthoma, […] es propiamente el nombre de lo incurable.”

Cuando hablamos de síntoma entendemos por ello, en psicoanálisis, un elemento que puede disolverse, o pasible de desaparecer, de levantarse, en tanto que sinthoma designa este elemento en tanto que no puede desaparecer, que es constante. Dicho de otro modo, la llamada nueva clínica psicoanalítica es una teoría de lo incurable.”

Es entonces en este contexto, con esta complejidad, que nos toca evaluar el tema de los “efectos terapéuticos rápidos”. Les recuerdo lo que dice sobre ellos Miller en relación a la verdad:
“La preocupación terapéutica conduce a retener la potencia que se desprende del procedimiento analítico mismo, conduce a interrogarse sobre, la dosis de verdad que un sujeto puede soportar en un momento dado, la dosis de verdad que puede asimilar –esto es siempre válido– pero también la dosis de verdad que es para él soportable sin una incomodidad excesiva o sin que lo que lo sostiene en el mundo se derrumbe, o amenace con derrumbarse. Por lo tanto, cuando la preocupación terapéutica domina, suspendemos lo que tiene de radical la operación analítica y esto conduce a impasses, no dar la interpretación que en ese momento sería demasiado dura para escuchar o conduciría al sujeto a huir de lo que le sería allí revelado, o incluso a domesticar el filo de las cosas para que permanezca enmarcado en el procedimiento. Por lo tanto, no muy rápido, no muy fuerte, cuestión, yo lo decía, de dosificación. Y son estos frenos, estos límites lo que se supone levantarse cuando uno se compromete en la dimensión de lo que llamábamos antiguamente didáctico, donde la preocupación terapéutica está apartada y donde la dinámica propia del análisis puede entonces darse a pleno.”

Los ETR se inscriben en relación al discurso del Amo, no voy a tener tiempo hoy de desarrollar esto, podemos retomarlo con sus intervenciones. Miller va a plantear que no se puede servir a dos amos a la vez.

Para nosotros esto no es tan sencillo aunque sea verdadero. Como integrantes de un Servicio de Salud Mental en un Hospital Público podríamos decir que participamos del discurso del Amo, y en la medida que tenemos relaciones con instituciones del saber que nos han tomado como referencia de formación clínica, participamos también del discurso Universitario. No falta entre nosotros el discurso Histérico, que tiene la ventaja de hacer lazo por el deseo, cada uno de estos discursos tiene una estructura, pone en juego un determinado modo de lazo al otro, y hay tensión entre estos discursos, pienso que el discurso Analítico nos permite calcular cada vez la pertinencia de la intervención, porque se atiene a una ética de las consecuencias. Hay que tener en cuenta que solo lo sabremos après coup.
Ese cálculo es “Cosa de finura” y también “De una cuestión preliminar…”.



miércoles, 4 de noviembre de 2009

lunes, 22 de junio de 2009

Respuestas a lo impolítico de las urgencias subjetivas


Trabajo leído en el Coloquio “Politiques et Subjectivites”, organizado por la Asociación Franco-Argentina de Psiquiatría y Salud Mental, en París, el 10 de junio de 2009.

Autor:
Guillermo A. Belaga

1. Agradezco la oportunidad que me dan para poder relatar la experiencia orientada por la práctica del psicoanálisis, que realizamos actualmente en un Hospital público de los suburbios de la Ciudad de Buenos Aires.
Acción que transcurre en una época donde se verifica la caída de los programas institucionales, aquellos que instauró la modernidad para tratar y educar a la población. Programas que se sostenían desde una Autoridad universal que podía establecer un pacto simbólico que garantizara la socialización y la subjetivación de las personas.
Ahora, antes de abordar esta experiencia, haré una breve descripción del Servicio de Salud Mental. El mismo está incluido en el Hospital General de mayor complejidad del municipio de San Isidro, cuya poblacion es de 300.000 habitantes. Es el centro de referencia del sistema de salud, que cuenta además con otros dos hospitales, uno especializado en niños y maternidad, otro general de menor complejidad, y nueve centros de salud. Todos cuentan con equipos de salud mental.
El servicio atiende 2500 consultas por mes, principalmente ambulatorias. Sus areas principales de acción son los consultorios externos, donde se ofrece tearpia individual, familiar y grupal, la interconsulta, y los talleres de rehabilitación. También hay una cooperativa de trabajo, y una casa de medio camino que forma parte de un programa de desmanicomializacion con uno de los mayores psiquiátricos de la provincia de Buenos Aires. El Hospital no cuenta con unidad de internación, si bien en casos de urgencia, los pacientes pueden sin inconvenientes tener un lugar en la guardia general. En ese tiempo de estadía rápidamente se monta un dispositivo cuyo fin es generar, ampliar y reforzar la red comunitaria, para evitar la internación de los pacientes en los hospitales psiquiátricos. Estos son centros asistenciales de mas de 1000 camas alejados de la comunidad, lo que rompe más el lazo social ya afectado por la crisis.

2. En general en Argentina, el hospital público y gratuito, es una institución reconocida e inscripta como “propia” por la población. Esto es así sobretodo a partir de la década del 50, cuando se implementó un gran plan sanitario afín con la ideología del Estado benefactor, que permitió la mayor accesibilidad de la población a la salud. Este acontecimiento, instauró en la población la cultura del derecho a la salud garantizada por el Estado.
Este dato de la identidad social de la población, que todavía aun hoy se preserva a pesar de los cambios en los paradigmas económicos y sociales, impone que nadie usaría políticamente un discurso que niegue que los hospitales deban seguir siendo públicos, sin recibir una gran desaprobación.

3. A partir de la década del 70 con la dictadura militar y luego acentuado en los 90, el programa institucional asentado en el Estado sufrió un gran retroceso, como también las identidades sociales que se habían construído alrededor del trabajo estable y la cultura propia de la economía “fordista”.
Así, a partir de estos años, se profundizó la fragmentación del Otro, se conmovieron los “modos de vida” de antaño y/o las “identidades culturales”. En estas décadas se derrumbaron las tramas que entrelazaban ideales sociales, culturales y políticos, bionarraciones que ya no pudieron dar sentido a los sujetos. Por efecto del nuevo discurso hegemónico del capitalismo global, al igual que en otros sitios se pasó a refugiarse en identificaciones más inestables, más “débiles”.
Estamos frente a un “individualismo de masa”, donde los sujetos deben hacerse cada vez mas cargo de su propia definición, de reafirmarse en modos de satisfacción “autónomos”. Esto se manifiesta bajo el imperativo al consumo compulsivo, sin limites, que da la pista de que lo que subyace en esta subjetivación, es una tecnología del yo donde se anudan los objetos técnicos con un modo “autoerótico” de vivir la pulsión.
Aquí conviene precisar que en los suburbios por la heterogeneidad que impera, el objeto técnico puede ser tanto el último “i-pod” como el “paco”, un residuo sumamente tóxico del mercado de la cocaína.
Desde el punto de vista clínico, se puede afirmar que si bien estos estilos de “individualismo de masas” pueden tranquilizar y anestesiar, frente a una contingencia lo que emerge es su reverso dramático. En muchos casos, estos “imaginarios de seguridad” fracasan, irrumpiendo lo no programado como trauma.
Es el momento en que el sujeto se ve enfrentado a su precariedad mas íntima, y demanda efectos terapéuticos que le den un sentido a ese agujero en el discurso singular y colectivo.
En la Argentina esta irrupción se hizo presente en el 2001. No es que los efectos de un mundo regido por la técnica y el discurso capitalista –como decribiera J. Lacan a un nuevo modo del goce que no encuentra una defensa posible- ya no estuvieran ahí, sino que el acontecimiento impolítico, la irrupción de la pulsión de muerte como experiencia colectiva se subjetivó en ese momento.
La crisis del modelo político-económico neoliberal, que nuestro país vivió en el 2001, han marcado un antes y un después en nuestra vida cotidiana, social y política.
Fue en esos días, que en el Hospital ocurrió una situación que marcó el inicio de otra mirada sobre cómo debería responder la Institución. Así, en ese contexto de incertidumbre, angustias y violencia, un joven herido fue traído por sus compañeros a la Guardia. Era una emergencia médica a la que se respondió con cuidados inmediatos, pero mientras esto ocurría, los mismos jóvenes acompañantes del herido rompían las instalaciones de la guardia y agredían a los presentes.
Es a partir de este marco caótico de “urgencias subjetivas”, que comenzamos a repensar la institución necesaria para estar a la altura de lo real sin ley.
Entendimos, cómo la ciencia y la técnica, en alianza con la globalización económica, producen una crisis de la autoridad, en términos de legitimidad y garantía, que lleva a una angustiosa búsqueda de referencias, y que influye sobre la práctica del personal de salud -motivo de este escrito-, pero que se extiende a toda la Sociedad.
La consecuencia de esto es que ya no se puede sostener La Institución en términos solamente de identificaciones verticales. Conviene hablar de las instituciones, pensar que todo, instituciones, leyes, visiones del mundo, son provisorias, pasajeras, están en constante dinamismo y potencialmente todo está para ser transformado desde una pragmática que entienda que el universal esta agujereado por un real indecible.

4. Primera respuesta del psicoanálisis en la Institución: la conexión entre la Noción de Autoridad y las estrategias de decisión.
La orientación psicoanalítica nos ha permitido pensar la Noción de Autoridad y conectarla a un aspecto fundamental de la práctica clínica: las estrategias de decisión frente a la demanda del enfermo.
En relación a las formas de la Autoridad a lo largo de la Historia, Alexandre Kòjeve, distingue cuatro tipos 1:
Autoridades del Padre sobre el hijo, del Amo sobre el Esclavo, del Jefe sobre la Banda, del Juez sobre quien -o quienes- juzga.
A su vez, a estos tipos vincula varias clases de autoridades:
- la Autoridad del Padre, con la de la tradición.
- la Autoridad del Amo, a la del Noble
- a la Autoridad del Jefe, la del Superior
- a la Autoridad del Juez, la del Confesor

Es un hecho, que en el contexto actual se capta la decadencia de la Autoridad del Padre a propósito de la familia y la educación. Así, el mito edípico, que representa a la figura del Padre como encarnando la ley, cuya palabra podía prohibir y distribuir, restablecer una ley sobre el goce, ya no funciona como modo de situar una prohibición, un límite.
Más bien lo que se comprueba ahora es que no hay límites, que parece que nada ni nadie puede poner un límite. Esto alcanza al poder de la palabra, existe una declinación de la misma, al punto que si antes las psicoterapias confiaban que la palabra podía pacificar las tensiones erótico agresivas de lo imaginario, ahora es la Imagen la que domina por sobre lo simbólico.

5. De todas maneras, es mediante la palabra que se construye un espacio y también una temporalidad. Por esto es imprescindible una institución que aloje sin obstáculos burocráticos la “urgencia subjetiva” y ponga en marcha el funcionamiento del Otro del lenguaje en términos espaciales y temporales. Fundamental para la resolución del vacío pánico que sobreviene en las masas cuando caen todas las garantías.
Un dato que surge actualmente, en la época de la declinación del Amo y del Padre, es la manera en que la Justicia y la Religión aparecen como lugares de la Verdad, por sobre las otras formas de Autoridad.
El derecho intenta dar una respuesta frente al frecuente fenómeno de la sospecha. Aunque no puede evitar ser insuficiente frente a la violencia.
La religiosidad, forma parte cada vez mas de los lazos comunitarios, su éxito se resume en proveer una identidad que hace legible la existencia de las personas, en este trasfondo de “errancia” subjetiva.

6. En esta demanda de respuestas de quien padece una “urgencia”, ya no se puede encarnar a la Autoridad al modo de los Ideales tradicionales que también encarnaban modos de decidir. Ahora, consideramos que en nuestra tarea cotidiana que consiste en situar una acción dirigida a resolver el “trauma generalizado”2, se deben replantear las estrategias de decisión a la luz de los nuevos contextos.
Analizando algunos postulados utilitaristas, se distinguen tres clases de elección racional 3:
a. Decisión bajo certeza
b. Decisión bajo riesgo
c. Decisión bajo inseguridad

Con respecto a la primera, la decisión bajo certeza, corresponde a quien adopta una decisión conociendo exactamente la situación del entorno y con ello la conexión entre las alternativas de acción y los resultados.
En otras circunstancias, cuando no se sabe exactamente en qué situación se encuentra el entorno, pero sin embargo se conocen las diferentes posibilidades y la relativa probabilidad personal o subjetiva que se presentan, estamos frente a una decisión bajo riesgo.
En el tercer caso, en el de la decisión bajo inseguridad, no se conocen ni siquiera las probabilidades de los resultados posibles. Hay algo incalculable.
De esta manera, se podría concluir que los terapeutas en la mayoría de los casos deben posicionarse sabiendo que la decisión es bajo riesgo.

7. Estos planteos, consideran las consecuencias sobre la práctica cotidiana de la globalización y las distintas estrategias para aprehender y operar en las nuevas condiciones que se vienen desarrollando y que atraviesan las diferentes identidades tanto en su continuidad como en sus rupturas e hibridaciones.
Al respecto, Ernesto Laclau, atribuye a la heterogeneidad un rol constitutivo 4, dentro de lo social, y juzga necesario tomar en cuenta esto a los fines de poder establecer cualquier praxis política -tomado en sentido amplio, del mismo modo que se puede hablar de política del síntoma-. Es decir, no es una variante de un núcleo último homogéneo y transparente, sino algo primordial e irreductible, en primer lugar en exceso.
Para Laclau, uno de los rasgos definitorios de la heterogeneidad es una dimensión de totalidad fallida.
Por lo tanto, cualquier decisión partiría de la excepción, y no de la administración de unas normas universales. Es más, el momento de la decisión no coincide con el saber total, sino que se decide sobre un indecidible, y luego del acto, se sabe.

8. Es este contexto heterogéneo, lo que hace que fracasen los algoritmos decisionales que propone el modelo DSM, que presume de poder establecer una Norma “Para todos”.
Además, la falla de este programa también traumatiza al terapeuta, la sorpresa de lo contingente es una de las causas de la angustia del practicante.
Sin embargo, existe la posibilidad de examinar desde otra praxis los postulados que tienden a la homogeneización de los sujetos. Siguiendo la enseñanza de Lacan, la pragmática del psicoanálisis 5 parte de que hay un agujero en el Universal, y que lo simbólico encuentra un límite en un real-imposible del que testimonia cada paciente, uno por uno.
Esta pragmática, implica un ejercicio de conversación, y de abducción que contempla lo contingente y lo posible en un contexto, que se traduce en la organización diaria de un abordaje de los casos, “entre -varios”, sobretodo en la guardia y la interconsulta de urgencia.
En este sentido, tampoco olvidamos que el deseo del analista es un deseo de no-acción, opuesto al mundo de lo útil, que posibilita la maniobra para empujar al Otro a decidir por sí mismo.

9. En una lectura sobre el legado freudiano, Jorge Alemán ha mostrado como Freud supo captar que “la Ley sea cual sea la nobleza simbólica con la que se presente mantiene una relación estructural con la pulsión de muerte”6.
Esta definición es lo que nos ha orientado en la política institucional, en tanto si bien no se puede prescindir de las reglas y normas para el funcionamiento, al saber que en ellas se esconde el plus de goce de la pulsión, lo que se propone no intenta encarnar un Ideal totalitario, sino que las normas dejan una apertura para la invención.
Así, sobretodo en lo que respecta a las reglas de asistencia y decisión clínica, las mismas están abiertas a la contingencia y a una revisión mensual, sostenida en reuniones colectivas.

10. Segunda respuesta del psicoanálisis en la Institución: el pasaje del síntoma social al síntoma particular.
A su vez, J.Alemán, sostiene que Freud nunca nombró cuál sería la civilización más pertinente para el ser parlante, pero si advirtió que si la misma se soporta en la satisfacción de una minoría, y no ofrece a las mayorías los recursos para enfrentar las exigencias de la pulsión, esa civilización se vuelve insostenible.
Con lo cual podríamos deducir, que el objetivo del psicoanálisis en el Hospital es ir a contramarcha de esta miseria subjetiva, de tener en cuenta que “de lo que se despoja a las multitudes es de la posibilidad de hacer la experiencia inconsciente del vacío de la Cosa, que el superyó colma con su circularidad pulsional”, con su imperativo de goce.
La miseria en este sentido, es el estar a solas con el goce de la pulsión de muerte en el eclipse absoluto de lo simbólico 7.
Entonces, la clínica del acto analítico en el hospital público tiene como horizonte la invención de una nueva relación con el superyó, busca su desmontaje pasando por la gramática pulsional del inconsciente.
En definitiva en los testimonios clínicos que hemos investigado, se conecta la satisfacción con el tratamiento, el efecto terapéutico alcanzado, con el pasaje del síntoma social al síntoma particular. Verificando lo que afirma Lacan, que el gozar del inconsciente es siempre particular, y es una salida al síntoma social 8.
Es el anclaje al inconsciente lo que permite la salida del síntoma social, y de la miseria subjetiva.

11. La lógica de la cura en el Hospital: alienación-separación.
Sin dudas, estamos en presencia de “una pulsión desamarrada del significante”, como describe Eric Laurent, donde ningún discurso parece tener la posibilidad de sostenerse 9. Lo que nos hace advertir que en el horizonte puede estar el peligro del advenimiento de un amo de las palabras y los cuerpos. Esta perspectiva nos ha parecido fundamental en nuestra orientación, ya que por un lado tenemos en cuenta que la experiencia analítica conmueve al fantasma, que apela a un amo para obturar la falta en el Otro, y por otro, apostamos a hacer funcionar algún semblante que permita anudar lo pulsional a la lengua común.
Es decir, cada vez se intenta un buen uso de la alienación, de los escasos significantes amos, para que el sujeto construya una relación de respeto hacia esa lengua pública que encarna el hospital, y que al mismo tiempo éste se vuelva un instrumento donde se reenvía a la propia historia, a la lengua privada de cada uno, para permitir otra subjetivación de la vida.
Para concluir, la lógica de las curas podría situarse a partir del par Alienación/Separación.
Así, la Alienación, considerada como la confrontación con una identificación (S1), y la inscripción del sujeto en el Otro, tiene evidentes manifestaciones en la clínica del Hospital. Su eficacia se debe a la tendencia “natural” del sujeto a identificarse, también por el hecho que la identificación aliena al sujeto al lugar del Otro en la búsqueda de su ser. Obteniendo en este caso, un saldo terapéutico que proporciona un capitonado en un momento de indeterminación subjetiva.
Estos efectos del S1, de la operación de alienación, se conectan con la función del hospital público como garantía, inscripto en el Otro social.
Desde el punto de vista del psicoanálisis, hay un momento en que el recorrido de la cura abre una tensión con el estatuto social del hospital, ya que el cálculo de la interpretación y la caída de las identificaciones llevan del nombre del padre al campo del Otro sin garantía. En este sentido, lo que orienta al psicoanalista es la evaluación de lo que el sujeto puede soportar en los dos polos de su acción.
La operación de Separación, para Lacan, corresponde a la opacidad del deseo del Otro, a la inscripción del objeto a. De este lado, es donde aparecen las mayores inercias en las curas institucionales, es una temporalidad que tiene en cuenta más lo libidinal que el campo del Otro. En este sentido, el encuentro con la vergüenza, y también con la transferencia negativa han esclarecido este aspecto. Por ejemplo, la presencia de la vergüenza se pudo deducir de un caso que no quizo continuar en el hospital cuando al desenvolverse la cura, la institución apareció como una continuación del estrago familiar.
Es decir, en este lado, estamos mas en el tratamiento de la relación de extimidad que el sujeto tiene entre su plus-de-gozar y el Otro social 10.
Asimismo, en la práctica analítica, la vergüenza es un indicio de transferencia, entonces aquí se marca otro vector donde el terapeuta tendrá que estar advertido de estos efectos, y la Institución tendrá que soportar lo propio del acto analítico. Ya que tiende a despertar, a “dar vergüenza” y por lo tanto puede llevar la experiencia a un punto donde quizás el análisis deba proseguir si se cumple su apuesta, en otro contexto -fuera del campo “público”-.

Conclusión: Entonces para quienes practicamos en hospitales desde la orientación psicoanalítica, existe una tensión entre una práctica que intenta ser una base de operaciones contra el Malestar en la Cultura, y a la vez no quedar atrapados en la resolución de las demandas sociales como otra técnica de adaptación. Cuestión que ya fue explicitada en 1946 por J. Lacan, en su elogio a Bion y Rickman, cuando definió que el psicoanálisis tiene una dimensión de efectividad social cuando se presenta como un instrumento de lucha contra la muerte que opera en la civilización. De este modo, cada día vamos a nuestra institución dispuestos a contemplar una ética que conjugue lo particular articulado a los valores de la Sociedad.
Muchas gracias.



1 Kòjeve, A.: La noción de autoridad- 1ª ed. - Buenos Aires : Nueva Visión, 2005.
2 Laurent, E.: El tratamiento de la angustia postraumática: sin estándares, pero no sin principios- La urgencia generalizada: ciencia, política y clínica del trauma- 1ª ed.-Buenos Aires: Grama ediciones, 2005. pp. 31-49.
3 Höffe, O.: Estrategias de lo Humano- Ed. Alfa- Buenos Aires, 1979.
4 Laclau, E.: Debates y combates: por un nuevo horizonte de la política- Fondo de Cultura Económica- Bs.As., 2008.
5 Alemán, J.: Nota sobre una izquierda lacaniana- Pensamiento de los Confines Nº 20, junio de 2007 – Buenos Aires : Fondo de Cultura Económica..
6 Aleman, J.: El legado de Freud- Revista Lacaniana- Año 4, Nº 4, 2006. pp 19-23.
7 Alemán, J.: Nota sobre una izquierda lacaniana, op cit.
8 Lacan, J.: R.S.I. –clase del 18-02-75 (inédito)
9 Laurent, E.: Blog-note del síntoma -1ª ed.- Buenos Aires: Tres Haches, 2006. pp 110-111.
10 Miller, J.A.: El Analiticón Nº2, “Extimidad”, Barcelona, 1987, pp. 13-27.



martes, 19 de mayo de 2009

Reseña de la Jornada de Psicoanálisis en el Hospital

Jornada de Psicoanálisis en el Hospital Central de San Isidro
“Las respuestas a la Segregación”
Hacia el IV Encuentro Americano del Campo Freudiano
8 de Mayo de 2009



Apertura

Guillermo Belaga, jefe del Servicio de Salud Mental del HCSI y director del próximo EA, da la bienvenida a la Jornada del HCSI, subrayando que será una Jornada de Psicoanálisis y en relación a cumplirse 10 años de su jefatura en el Servicio de Salud Mental del Hospital.
Propone reflexionar respecto de la Clínica Analítica hoy, la pragmática del psicoanálisis y la Institución y en tanto hacia el Encuentro Americano, el Síntoma y el Lazo Social.
¿Qué respuestas puede dar hoy el Psicoanálisis a los síntomas de la época? En un momento el Programa de la Urgencia Generalizada, intentó dar una respuesta a estos síntomas, entendidos como productos de la técnica en tanto encarnadura de la pulsión de muerte. Hoy dicho programa es insuficiente y se tornó en el peligro de hacer de eso un problema monosintomático. ¿Cómo definir el problema del trauma sin caer en el trauma que todo el tiempo plantea el discurso amo?
Por este motivo el título de esta Jornada: “Las respuestas a la segregación” y en relación al mismo las dos puntas que se propondrán como trabajo del día, que enmarcarán las plenarias como así también los trabajos libres presentados a la tarde: por un lado “la formación del practicante y el control” y por otro “la posibilidad de pasaje desde el síntoma social hacia el síntoma particular, siempre vía el inconsciente”.
Citará la Proposición de Lacan de 1967 [1] (Proposición del Pase), lugar en que Lacan subraya al Jurado del Pase, los siguientes puntos a repensar:
1. En los Simbólico: crítica del mito edípico (familias contemporáneas).
2. En los Imaginario: crítica de un fin de análisis pautado desde el ideal del Padre (en relación a la comunidad analítica).
3. En lo Real: los campos de concentración (como nuevos modos de goce). El analista en el recorrido de su formación debería dar algún testimonio sobre cómo ha resuelto estos tres puntos, que por otro lado, vemos manifestarse a diario en la Institución.

Hoy la “ideología de supresión de los cuerpos” y “la homogenización de la técnica” llevan a un odio racista que se manifiesta en un Otro que encarnaría un exceso de goce maligno o un Otro subdesarrollado. ¿Qué S1 puede aportar el psicoanálisis para responder a ésta segregación? Subraya las palabras de Miller en tanto “para hablar de psicoanálisis somos todos analizantes”. ¿La respuesta vendría por el lado de adaptarse a la precariedad simbólica de la época, no conmoverla? ¿Reducir los síntomas a los meros efectos que pueden producir los psicofármacos? Cita a Jorge Alemán, quien se refiere a la “miseria subjetiva”, como “estar a solas con el goce de la pulsión de muerte en el eclipse absoluto de lo simbólico” [2]. Es despojar de la posibilidad de hacer la experiencia del vacío inconciente, este es colmado por un Super yo que impulsa a consumir. En San Isidro podría ser tanto el ipod como el paco. Ahí se anuda síntoma social y síntoma particular, en ese pasaje lo que lo engancha es el gozar del Inconsciente.


Plenaria: “La formación del practicante y los efectos de control”

Disertantes: Inés Sotelo, Diana Wolodarsky y Adrián Scheinkestel.
Coordinación: Lucas Leserre.

Inés Sotelo

Comienza remarcando el lugar éxtimo del supervisor y de qué manera podría pensarse su función como la de aquel que a partir de escuchar algún texto es capaz de transmitir algo acerca del mismo. También define al supervisor como el “lector de un hecho discursivo en un tiempo y espacio determinados”. Llevando a este espacio justamente las urgencias que atraviesan al practicante, a los dispositivos y a la Institución misma, incluyendo necesariamente a la Salud Pública.
Se refiere a este espacio como en permanente interlocución con el Otro. Como conclusión se remarca en su disertación de qué manera articula que en el espacio de control se piensa por un lado en la posición y formación de quién viene a controlar y presenta sus obstáculos en la dirección de la cura y por otro lado, tan central como lo dicho anteriormente, resalta que el estar en la Institución en dicho espacio hace pensar en la posición analizante y la formación de quién ocupa el lugar de supervisor.


Diana Wolodarsky
Comienza proponiendo ver de qué forma intentar la articulación entre el título que convoca la Jornada: “segregación” y el tema que convoca la plenaria: “la formación”.
En este sentido parte pensando el Psicoanálisis como la clínica de lo inesperado, como ocupándose de quienes demandan un tratamiento a su padecimiento buscando algo singular que los nombre, lo que llamaríamos síntoma, algo en relación al propio goce y que los deje por fuera de lo universal, segregado de la serie. De esta forma el psicoanálisis aborda aquello que no entra en la norma, apunta a lo excepcional de cada uno. En este sentido destaca la importancia de plantear efectos de control y no del control.
Señala dos conceptos a veces malversados: “autorizarse de sí mismo” y el “deseo del analista”, en tanto no vienen de por sí dados.
Subraya la distinción que plantea Miller en relación al Psicoanálisis y la Salud Mental, en cuanto a que el psicoanalista como tal no es un trabajador de la salud mental, siendo precisamente ese el secreto del psicoanálisis “que no se trate de salud mental”, el psicoanálisis agrega el pensar inconciente, algo de su cuerpo, de su pensamiento se revela contra ese universal.
Marca dos características en el analista: tiempo y ser paciente (en relación a todos los equívocos que quieran pensarse).

Planteará que la formación del analista es pensada como permanente, llevándonos a reflexionar acerca de qué saber se trata y cómo este se relaciona con una responsabilidad íntima.
Así análisis/control/formación-enseñanza quedan implicados.
Si se piensa la Dirección de la Cura como la manera de recortar detalladamente el fantasma del practicante y de aquel que es escuchado, puede entenderse la íntima relación entre control y análisis, es decir de qué forma quedan ambos anudados. Si al apremio con que llegan los pacientes se responde desde lo fantasmático del practicante, es decir desde el juicio moral de quien conduce la cura, la consecuencia es la desorientación. De este modo lo que se controla es la posición de enunciación de quién hace pasar el caso a otro y esto es lo que orientará la cura hacia lo real.
Por último remarca que el control es ese espacio y ese tiempo que hacen ver de qué manera va transitando la formación anudada necesariamente a la responsabilidad íntima de cada quien.

Adrián Scheinkestel

Lo primero que ubica es el Efecto de Control como causa.
A modo de ilustración de lo dicho se referirá a un texto de Jean-Claude Razavet [3] en el que se relata la posición del éste analista que lleva a control con Lacan los avatares que se le presentan en la dirección de la cura con un paciente, y en dónde podría ubicarse a partir del texto presentado al supervisor la posición de quién dirige esa cura, aquello de lo singular y algo en relación a la transferencia al momento del pedido de control y el efecto de control como causa.
También menciona la Clase de Jacques-Alain Miller del 12/03/08 [4] en la que el autor hace cierto ordenamiento del recorrido en la enseñanza de Lacan desde el centro puesto en la determinación simbólica, al peso puesto en el corte, la falla, el agujero, la discontinuidad, lo contingente.
Hacia el final de la disertación se remarca el control como el lugar de articulación entre clínica, política y episteme. La relación a la causa no está velada en el espacio de control, mientras que en los efectos terapéuticos ésta queda velada.
El control como la posibilidad que reorienta y ubica el S1, la causa en algún sentido: que marche el psicoanálisis no el S1.

Lucas Leserre
Subraya a partir de las disertaciones tres puntos de interés abiertos a comentarios y/o preguntas:
1. Cómo ha quedado ubicada la formación del supervisor a partir del texto que se escucha. Los efectos que produce el control también en el supervisor.
2. Se controla por los efectos del discurso del amo, en el hospital esto parece tener mas incidencia.
3. La cuestión de la transferencia respecto del espacio de control. De qué transferencia se trataría: simbólica-imaginaria-real.

Diana Wolodarsky agrega: “el control tiene la función de deshechizar a uno mismo”, implica una higiene. Es decir es una práctica que obliga a poner en forma lo que uno hace.



Plenaria: “Del síntoma social al síntoma particular”

Disertantes: Silvia Baudini, Angélica Marchesini y Marina Recalde.
Coordinación: Raúl Solari.

Silvia Baudini
Titula su trabajo: Una vuelta a la formación del analista

Habla de ENAPaOL como un tiempo de entender colectivo, en donde se podrá reflexionar respecto del psicoanálisis en estos últimos tiempos en los que los efectos terapéuticos parecen haber tomado preponderancia.
El psicoanálisis nace de su relación al Otro, es preciso ubicar el discurso analítico allí donde sea posible y no en todas partes. Es el amor el que introduce el cambio de discurso, señala la diferencia entre lingüísitica y lingüistería, ubicando el amor de este lado, en una palabra que parece combinar lingüística-histeria. También en la práctica analítica el amor como primero, vía que instaura el Sujeto supuesto saber.
Hace una referencia del síntoma social en Freud remitiéndonos a dos textos Psicología de las masas y análisis de yo [5], en donde trabaja las tres formas de identificaciones y el enamoramiento y El malestar en la cultura [6]. Respecto de Lacan la referencia que toma en relación al síntoma social es de La Tercera en donde él afirma: “Sólo hay un síntoma social: cada individuo es realmente un proletario…[7]” y en relación a esta frase toma una referencia de Tudanca quien se refiere al proletario como aquel despojado de su saber, como un desalojado del Otro.
Respecto del síntoma particular dirá que es lo que irrumpe para cada uno y lo atrapa en su satisfacción. Repetición de una satisfacción.
El lazo está hecho de semblantes.

Angélica Marchesini
El título de su trabajo es: Un aspecto de la segregación en la línea del síntoma social al síntoma particular. Ubica la segregación como la carencia para cualquiera de la marca de lo colectivo en un momento dado. Sociedad de analistas como una contra-sociedad, en contra del discurso amo.
Es una época en que se tiende a la homogenización y el síntoma social, y en ese sentido el sujeto se vacía de toda singularidad. Se adopta una identidad sin malentendidos. Se apunta a la felicidad de las promesas de salud.
El psicoanálisis apunta a los detalles de la diferenciación, apela al vacío de sentido en donde poder construir bajo transferencia un síntoma.
El síntoma construido en análisis es el lazo social.

Marina Recalde
Comienza recordando la diferencia entre Universal (para todos), Particular (algunos, las categorías, incluye tipos clínicos, las estructuras en la primera enseñanza de Lacan), Singular (se borra la diferencia Neurosis y Psicosis de la primera enseñanza, la clínica se aborda en el uno por uno, todos los sujetos como inclasificables, pone el acento en las formas de gozar de cada quien.
Para que alguien entre en análisis es preciso la histerización del discurso y esto no es sin la intervención del analista. En este sentido remarca dos operaciones, una la alienación en relación a la identificación y la otra en relación al renacer del sujeto en tanto la posibilidad de reencontrar un S2.
La época tiene total incidencia en la construcción del síntoma, se trata de nombres sociales a problemas singulares. El síntoma construido en transferencia en la operación analítica es el modo singular de gozar de cada quien y para dicha construcción es preciso el trabajo del inconciente.

Raúl Solari
Subraya los siguientes aspectos en los trabajos presentados que se abren al debate y a la ampliación por parte de los autores y la audiencia en general.
1. Respecto del trabajo de S. Baudini: “la euforia terapéutica del lado del éxito y no como conviene del lado del fracaso”. Respecto de lo anterior la siguiente afirmación: “…el psicoanálisis en contra del mismo psicoanálisis”.
2. Respecto del trabajo de A. Marchesini:”lo que es extranjero para cada uno”.

3. Respecto del trabajo de M. Recalde: “estamos todos locos, todos deliramos” y “el síntoma como lazo social”.

Guillermo Belaga
: la desinserción no es sólo de los pacientes sino también de los practicantes en la Institución.
En los tres trabajos se encuentra un punto que puede hacer pensar de qué manera los que trabajamos en una Institución vamos o no hacia la desinserción. Estos puntos serían el amor en el primer trabajo, la contingencia en el segundo y la transferencia en el tercero.

El síntoma como tratamiento de lo imposible es síntoma social hasta que alguien ubica la contingencia, y es en este sentido que se necesita la escucha de un analista. Si el analista no está a la altura de ubicar la contingencia no hay posibilidad de encuentro con lalengua, con el inconciente.

Silvia Baudini: la euforia terapéutica hace olvidar el psicoanálisis como discurso, ubica al analista como un agente social más que un agente de discurso. Hay algo del amor que toca el cuerpo. Es preciso distinguir entre la identificación (más que ver con un fenómeno de masa) y el semblante (del lado de la singularidad, de cada uno).

Marina Recalde: la frase “todos estamos locos, todos deliramos”, estaría en relación a que lo real afecta a todos en su singularidad. Hay un modo de enlazarse al Otro desde lo más singular, y es en ese sentido que cada uno es inclasificable.

Angélica Marchesini: respecto de la puntualización de lo extranjero, lo entiende desde el punto de vista de la excepción. Lo articula siguiendo a Freud en relación a lo ominoso, en ese sentido lo más extraño, al mismo tiempo que los más familiar.

Claudia Pollak: hace una intervención en relación al fracaso y al éxito respecto del psicoanálisis (Caso Schreber, fracaso como modo de avanzar, fracaso en relación a la castración, en relación al amor, en relación al sinthome, en relación al lugar del analista).

Diana Wolodarsky: remarca, con el fin de no desorientarse, de que el fracaso del que se trata es el que se opone a la felicidad como ideal de la época. Es en dicho sentido que vuelve a referirse al control como una higiene con el fin de no quedar capturado por el discurso del amo.

Jorge Faraoni:
se pregunta cuál sería entonces el lugar del psicoanálisis en la sociedad. En ese sentido el fracaso podría quedar ligado a la no respuesta frente a la permanente respuesta del discurso del amo.

Guillermo Belaga: propone pensar qué se dice cuando decimos “estamos todos locos”, “fracaso”, y esto como parte de una época en que la ciencia propone asegurar “la píldora de la felicidad”. El psicoanálisis enseña acerca del desgarro subjetivo: “cada uno en su propia casa encuentra lo siniestro”, en dónde está lo imposible para cada uno. Lo que fracasa es el proceso técnico, siempre se encuentra lo real. El psicoanalista es quien puede leer ese real. El fracaso es un nombre de lo real y el psicoanálisis encarna una pragmática no utilitarista, una pragmática orientada por el deseo del analista y este justamente como un deseo de no acción, un deseo que pasa por hacer decidir al otro cada vez. Hace referencia a un texto de Le Blanc [8] en cuanto a que el precario no accede a la alienación, y es sobre ésta que hay que inventar.

Silvia Baudini: el fracaso en relación dialéctica con el éxito. El fracaso sería un nombre orientado por lo real.

Marina Recalde: en relación a la cura subraya que ésta viene por añadidura, pero sería otra cosa si esto es lo que estaría en juego en el horizonte de cada encuentro.


Mesa de Cierre

Nilda Hermann, Ignacio Penecino.

Nilda Hermann
Sitúa a partir del texto de Laurent “Cómo se enseña la clínica” [9], que de lo que se trata en la práctica clínica es de investigar sobre el no saber, tomando las presentaciones de casuísticas, ateneos como efectos de control.

Cita a Miller en “Cosas de finura” [10], subrayando que un caso particular no es un caso de la regla sino mas bien una cosa de finura. Se trata, como en la cultura Oriental y a partir de lo expresado por Junichiro Tanizaki, particularmente en su ensayo escrito en 1933, El elogio de la sombra, de captar lo bello en el enigma de las sombras: “En Occidente, el más poderoso aliado de la belleza fue siempre la luz; en la estética tradicional japonesa lo esencial está en captar el enigma de la sombra…”.
Si se sustituye el significante belleza por el de enseñanza, en la elucidación de la experiencia de control en el hospital hemos podido captar un efecto de sombra.

Ignacio Penecino
Interroga acerca de cómo conversar con el otro, cómo hacer lazo, cómo no quedar los practicantes del psicoanálisis segregados dentro de un hospital. Retoma la ponencia de Angélica Marchesini quien definió la segregación ante lo extranjero. En el sentido clínico toma en referencia la respuesta de Jorge Alemán [11] cuando se le pregunta, de qué manera pensaba al sujeto en la clínica, a lo que responde “como lo heterogéneo, lo que no deja homogeneizarse” y esto en contraposición al sujeto conceptualizado por Foucault en tanto sujeto sujetado a lo colectivo.
Racalca modos de respuesta del sujeto que ubica Freud en malestar de la época, modos de evitar el sufrimiento [12]: Satisfacción ilimitada. La modificación química: la intoxicación, el ataque a la naturaleza y someterla (técnica dirigida por la ciencia), aislamiento voluntario (el separarse de todo lazo social), finalmente el amor, como lo más cercano que puede llegar al objeto. Tenemos el discurso amo y su reverso. Se trata de poder inscribir ese particular a modo de respuesta.

Valeria Cavalieri y Adriana Rógora

Mesas de Trabajos Libres

Mesa 1: Interconsulta - Urgencia

La mesa, coordinada por Lisa Erbin, tuvo como participantes a Josefina Altschuler y Santiago Raimondi con su trabajo titulado “Quehacer del psicoanálisis en el hospital”; Juan Mitre presentó “Filiación y corte” y yo titulé a mi trabajo “La interconsulta como respuesta a la des-inserción”.
El primer trabajo correspondía a integrantes de una Institución especializada en pediatría, que en la coyuntura de la urgencia eran llamados a intervenir, dándole una relevancia particular al significante recaída en el discurso médico. El segundo trabajo era sobre una paciente adolescente en acting, ingresada al hospital como un “caso perdido” y cómo el encuentro con un psicoanalista posibilitó la construcción de una versión del padre pacificadora.
El último consistía en una viñeta que mostraba el trabajo que realizamos en la interconsulta en el hospital, en un caso de urgencia. Intentaba responder a la pregunta acerca de nuestro quehacer desde el psicoanálisis en la Institución Pública, en tensión permanente con el discurso amo.
La discusión y comentarios posteriores versaron sobre la importancia de hacer lazo con otros discursos para ir contra la autosegregación, la apuesta a lo subjetivo dentro de clasificaciones psiquiátricas y sociales segregativas y cómo responder cuando la demanda es “que la cosa marche”.
Fue una mesa de intercambio cordial, agradable y muy interesante, en la que cada participante pudo hablar acerca del trabajo que realiza en las distintas Instituciones desde los casos clínicos.


María Belén Quiroga

Mesa 2: Interconsulta - Pase diario de pacientes.

La mesa, coordinada por Graciela González Horowitz, fue integrada por Pablo Madera, Evelyn Otarola, Luciana Nieto y Ramiro Gomez Quarello. Los trabajos presentados tuvieron como hilo conductor la posición ética del acto del practicante en estos dispositivos dentro del servicio de Salud Mental del Hospital: su orientación hacia lo real, lo cual precipita hacer lazo.

Pablo Madera en su trabajo “El pase de pacientes: un lugar a lo que no funciona” señaló que en el Hospital se produce un entrecruzamiento de discursos, entre ellos el discurso médico que apunta a un ideal de bienestar y a restablecer el equilibrio perdido, en este sentido correctivo. Se presenta una viñeta de un paciente con “problemas digestivos” que venía siendo tratado hasta el momento de la interconsulta con medicación, y puede apreciarse cómo a partir del relato del paciente el practicante orienta su escucha hacia lo singular, haciendo lugar a lo que no funciona.


Evelyn Otarola presentó el trabajo “Los efectos del pase de pacientes”. Ubicó allí al pase como un recorte y una transmisión de los significantes del paciente: se trata de la transmisión de una lógica entre practicantes. Es este un recorte simbólico, que se espera que abra paso a lo real y que permite orientar el tratamiento. Permite pensar cierta lógica a la que se apuesta, sin garantías.


Luciana Nieto presentó su trabajo titulado: “Un sitio, un lugar, un lazo“. Allí distinguió los conceptos de sitio: del lado del uno, como lo disputado y lugar: “varios en una comunidad”, lo cual habla de lo múltiple y del lazo. En el pase, cada integrante hace sitio: transmite los casos del día anterior, pero puede pensarse como un lugar: se distinguen la multiplicidad de sitios. ¿Qué se pasa en el pase? significantes que marcan la vida del paciente, que hablan de lo singular de ese paciente. No hay respuestas universales, se escucha cada vez, el sujeto tiene respuesta a su sufrimiento, pero esto no adviene solo: necesita una escucha.


Ramiro Gómez Quarello, en su presentación “El fin del pase”, trabajó el tema de la práctica en la Institución como habitando una posición analizante, el problema del “ser analista“, mostrando la discordancia del ser y saber. Propuso pensar a los practicantes como lectores de hechos discursivos.

Los comentarios que siguieron a las presentaciones permitieron ubicar lo siguiente:
Respecto de ¿qué se pasa en el pase? ¿qué se escapa? Lo imposible de decir, ahí es donde nosotros somos el caso.
El deseo del analista es lo que inscribe y cuestiona cada vez.
La finalidad desde el psicoanálisis implica construir algo a partir de los recortes que se transmiten en el pase.
Lo que está en juego es la transmisión de una posición de goce. Esto es lo que se escapa, lo que está por detrás: lo que cada uno trata de apresar.

Ivana Lesyk


Mesa 3: Formación.

En la mesa, coordinada por Mónica Bureau, se presentaron los siguientes trabajos: “Efectos de la Presentación de Enfermos” de M. Inés Iammateo, “Efectos de Control en el Hospital” de Adriana Laura Rógora, “¿Qué es el Control?” de Valeria Cavalieri y “La formación del practicante y los efectos de control” de María Rosa Catoi.
Tras una intervención introductoria de la coordinadora sobre la temática general, la importancia del control y sus efectos en la formación del practicante de psicoanálisis en un Hospital General, se dio paso a la lectura de los trabajos.
La lectura fue amena e interesante articulando referencias teóricas y recortes clínicos que permitían ubicar el surgimiento del pedido de control y los efectos sobre el practicante en relación al obstáculo que se presentaba en cada cura. Por otro lado los efectos de la presentación de enfermos.
La conversación comenzó sobre la diferencia entre el control y la presentación de enfermos a partir de la presencia del público silencioso.
En relación a los efectos de control se conversó sobre la corrección del deseo del analista para que la posición del practicante no obstaculice la cura, apuntando al más allá. Sobre todo se remarcó la formación permanente a partir de la frase que se recortó tanto en el espacio de la apertura como en la primera mesa plenaria “somos todos analizantes”. La afirmación “no hay analista formado” resonó en los trabajos a partir de la formación constante articulada a los efectos de control tanto en quien controla como quien pide el control. Se interrogaron los motivos de dicho pedido, en general más ligado al obstáculo, sin embargo, podría controlarse cuando “todo marcha bien”. Se destacaron los posibles efectos que podrían surgir en la presentación y en el control; efectos de investigación, de enseñanza, de fascinación, de corrección, etc.

Leonardo Itzik

Mesa 4: Institución.

En esta ocasión, Virginia Walker coordinó la mesa en la que participaron Claudia Pollak con un trabajo titulado “El analista, un dispositivo de la institución”, Alejandra Marroquín presentó “Mal-estar en la escuela: reflexiones sobre una posible articulación entre el psicoanálisis y la educación”, Belén Almira tituló su trabajo “Pedidos de interconsulta en sala” y Alejandra Rossi “El espacio del pase de pacientes, un impasse de la práctica diaria en la institución”.
Luego de la lectura de los trabajos la coordinación señala la serie que a modo de una banda de moebius va desde la formación del practicante hacia lo que constituye el dispositivo en acto, en texto.
Los trabajos de Pollak, Almira y Rossi intentaron transmitir desde su singularidad la práctica clínica en la Institución Hospital Público en la que practican el psicoanálisis y la importancia del lazo con el discurso médico, en tanto cómo hacer cada vez con las normas del Otro para no quedar segregados. Asimismo la necesidad de poder recortar un espacio y tiempo con otros que permitiría, llegado el caso, reorientar la escucha tal como lo propone Alejandra Rossi.
El trabajo de Alejandra Marroquín permite verificar el pasaje de un síntoma social a la construcción de un síntoma singular en el tratamiento de un niño que no respondía “al ritmo de todos” en la escuela. Lo que se desprende en la discusión es que no es sin ir en busca de la conversación con el Otro, en este caso la Institución Escuela con sus universales cristalizados, que dicho pasaje puede ser posible.


Valeria Cavalieri

Mesa 5: Síntomas
La mesa fue coordinada por Jorge Faraoni.
El trabajo presentado por Mónica Samaniego, “Violencia y maltrato o del saber leer”, se refirió al caso de una mujer que sufría por el maltrato físico y la violencia por parte de su marido. Tras un recorrido de tratamiento en el Hospital –Estévez-, se evidencia que el maltrato se inscribe en una lógica fantasmática que la deja como objeto de los golpes.

Luego Raquel Puga presenta el trabajo en equipo de un grupo de practicantes del Hospital Belgrano, titulado: “Cuando la orientación es el saber hacer: De la irrupción de los objetos voz y mirada a la comunicación social”, cuyos otros autores son Mercedes Buschini, Sebastián Copani, Sandra Lezcano, Juan Mitre, Natalia Paladino, Soledad Possetto y Jesica Rosenthal.

A partir de dos casos clínicos se intenta dar cuenta de dos caras del síntoma: como mensaje dirigido al Otro y su vertiente opaca, irreductible, no enlazada al Otro. A su vez, los casos muestran cómo ciertas soluciones de los pacientes implican cierto saber hacer a partir de un imposible.
Se relata el caso de un joven con serias dificultades para salir de su habitación. Lo traen al hospital sus padres debido a una crisis que lo lleva a romper los vidrios de su cuarto. Su malestar por no poder relacionarse queda de lado cuando el paciente, encerrado en su habitación, comienza a escuchar la radio, lo que hace que de alguna manera se sienta comunicado. La radio comienza a tener el lugar de un Otro, mediador, de la palabra, que le posibilita alguna relación a lo social. Escuchar radio se torna fundamental como tratamiento del síntoma de este paciente.

La presentación de Mariana Isasi con “Cantar con la voz en el bolsillo” da cuenta de una investigación acerca del objeto voz en su relación con la clínica de las psicosis. Se trata de un paciente del dispositivo de talleres del Hospital de San Isidro, que al llegar produce una irrupción en la lógica del taller de música. Su mudez, o una verborragia incomprensible, son en él características.
Da cuenta del recorrido de este paciente por el taller de música. El caso es un ejemplo paradigmático de lo intrusivo que resulta el lenguaje para el ser hablante, y de la carencia de un discurso social que pudiera prestarle una forma de interactuar en lo social. El taller, por su parte, parece posibilitarle un particular tratamiento del objeto voz, que se evidencia en la gesticulación e interpretación de temas musicales que canta junto a sus compañeros; temas que interpreta en forma muda (sin voz audible) pero reproduciéndolos con sus labios, gestos y movimientos corporales –cual cantante en el escenario-, aparentando ser ésta, además, una actividad placentera para el paciente.

Por último Ruth Gorenberg presenta su trabajo “Construir lo singular” acerca del retorno de un paciente al Centro de Psicoanálisis Aplicado a las Urgencias Subjetivas de la Actualidad –PAUSA-, después de cuatro meses de darse por concluido su tratamiento. El paciente retorna por lo insoportable que se le torna el ascenso de su mujer en el trabajo, debido a los celos excesivos que le generan sus ideas delirantes referidas a que su mujer lo estaría engañando –ahora que tiene el puesto de supervisora y llega más tarde-. Durante el tratamiento el paciente relata que sus celos se fundan en que en los comienzos de la relación con su mujer, cuando noviaban, ella efectivamente lo engañó con otro, él los vio y “esa fue la causa por la que se casó con ella”.

El coordinador de la mesa inicia la conversación comentando que se podría hacer una casuística si se tiene en cuenta la incidencia del objeto a –especialmente el objeto voz y el objeto mirada- como núcleo en la sintomática particular de los pacientes presentados en los trabajos.
Para la construcción de algunos de los casos se evidencia cómo ambos –objeto voz y objeto mirada- suelen intervenir no en forma aislada, sino en intersección. Por ejemplo, el canto –en su forma de mímica gesticulada- y el uso particular de la voz que hace el paciente de los talleres del Hospital de San Isidro –caso presentado por Mariana Isasi- da cuenta de la construcción de una escena que sirve como punto de partida para ciertas elaboraciones acerca del tratamiento del objeto voz.

Por otra parte, el caso de Mónica Samaniego apunta al detalle de la clínica: al detalle de las intervenciones. Lo que parece conmover a la paciente –tras soportar 30 años de violencia y golpes- y poner en marcha una construcción de su historia -que le posibilitará cierta rectificación en su posición-, es el intento de suicidio de su hijo. Se debate si, en tanto histeria, esta mujer pudo verse identificada a una escena de muerte (a partir del intento de suicidio de su hijo), y haber sido esto lo que la llevó a poner un límite respecto a la violencia de la que era objeto.

A partir del caso que presenta Raquel Puga en nombre de su grupo, podría formularse que para este sujeto, no poder salir de su casa ni relacionarse con amigos o compañeros da cuenta de cómo el síntoma mismo porta la segregación, en tanto lo excesivo y repetitivo del recorrido de la pulsión suele ser lo que lleva a auto-segregarse.


Ruth Gorenberg comenta que en su trabajo le interesaba señalar el retorno del paciente a partir de su desestabilización producida por la aparición de un tercero. Se conversa acerca de la interpretación en las psicosis ubicando a la misma como un intento de nominación.

Respecto al trabajo de Mariana Isasi, J. Faraoni comenta que es el único que surge a partir del trabajo en el dispositivo de talleres. Mariana Isasi agrega que justamente una de las cosas que se charla con Guillermo Belaga en las reuniones mensuales del equipo de talleres es que en este dispositivo, no se trata de la dirección de la cura de los pacientes, sino más bien de una terapéutica.
En este caso en particular se da cuenta de cómo a partir de esta terapéutica se hace posible cierto tratamiento del objeto voz. Se recorta una frase del trabajo: “Hay un colectivo que produce un lazo vocal…”, como punto de partida para pensar el caso presentado en particular, el funcionamiento del taller –de música- y los posibles efectos del mismo.
Se destaca, también, la vertiente de investigación y los desarrollos en torno a la teoría –del objeto voz- que presenta el trabajo de Mariana Isasi.


Carolina Saylancioglu

Mesa 6: Urgencia

Reseña 1
La mesa, coordinada por Marta Coronel, tiene como integrantes a Mariela Gutiérrez con su trabajo “De una justificación a una posible pregunta”, en donde con el objetivo de dar cuenta de las diversas respuestas a la segregación, y en el marco del Dispositivo de Consultorios Externos de un hospital general, intentará a partir de un caso clínico reflexionar acerca de los nuevos modos de respuesta que presentan algunos sujetos en la actualidad.

Luego Verónica Castro con su trabajo titulado “Revisión sobre el duelo” abordará el tema de la angustia y su relación con la urgencia. A partir de un caso que nos ofrece la clínica de un Hospital General, ubicará de qué manera se hace presente la urgencia en el Dispositivo de Admisión posibilitando el inicio de un tratamiento.

Por último en mi exposición "Cortar con la angustia o hacerla hablar" trabajaré sobre las intervenciones en la urgencia hospitalaria, basándome en casos de la práctica clínica en donde puedan observarse dichas intervenciones. Hay que tener en cuenta que los casos tomados provienen del trabajo realizado en un Dispositivo particular, el de la interconsulta en la guardia de un Hospital Central y Público.

Posteriormente a la lectura de los trabajos la coordinadora observó que todos los presentes del público eran practicantes del Servicio del Hospital y que esto era una pena ya que los trabajos reflejaban muy bien la dinámica de los Dispositivos dentro del hospital. Se abre un espacio a preguntas o comentarios, que comenzaron en relación a esta temática y la práctica del psicoanálisis en una Institución Pública. También se comentaron aspectos clínicos particulares en torno a los casos y nuestra labor como practicante del psicoanálisis. Se conversó acerca de la sintomatología de la época mencionando por ejemplo los cortes que se realizan los adolescentes y se discutió acerca del estatuto de los mismos. Se profundizó sobre el duelo según Freud y Lacan.


Luciana Prota

Reseña 2
En la mesa, coordinada por Marta Coronel, se presentaron tres trabajos, el primero de Mariela Gutiérrez “De una justificación a una pregunta posible”, el caso de una joven que le pega a su pareja. Estaba haciendo pública su homosexualidad. Al principio no dejaba de pegar. Se detalla en el trabajo los avatares y el recorrido del tratamiento de dicha mujer. Se puede verificar como a partir de ubicar lo particular del síntoma se da lugar a una pregunta “¿Por qué le pego a mí pareja?” en donde se recorta cierta diferencia respecto del inicio “Vengo porque le pego a mi pareja”.

En segundo término el trabajo de Verónica Castro “Revisión sobre el duelo”. Plantea en el duelo ¿Cómo intervenir éticamente? Con el duelo la falta se invierte, pensamos que estamos en falta con la persona que murió.

La paciente siente dolor por la muerte de su pareja, presenta ansiedad, angustia, confusión y situación económica grave: “No puedo con la ausencia”. Hubo dos épocas en la convivencia, en la primera, vivían solos y felices y en la segunda, tenían una casa en un terreno compartido con la hija de él. Allí, él la insultaba, le decía puta, desconfiaba de ella, la celaba. La paciente dice que no le daba motivos pensaba que tenía que ver con la enfermedad, había sufrido de una embolia. Queda en evidencia el lugar denigrante en que la pareja la colocaba. Aparece un sujeto en un lugar de desecho que le imposibilita hacer el duelo. En el tratamiento se apuesta a un lugar diferente, haciendo hincapié en el estar acompañada.

Por último el trabajo de Luciana Prota “Cortar con la angustia o hacerla hablar”.

“Amar es esencialmente querer ser amado”. En una época donde se demandan curas rápidas plantea que nuestro trabajo como analistas se centra en ver cómo nos acercamos a lo real que cada uno trae. En la entrevista se va dilucidar la gravedad y el tipo de tratamiento a seguir.
Una paciente de 19 años, es derivada en estado de urgencias. Se encuentra muy angustiada no le encuentra sentido a nada, esto le pasa desde hace una semana. En aquel momento la pareja la dejó. Se angustia y se corta, se siente culpable de que la hayan dejado y se corta para sentir dolor. “Conmigo no se puede hablar”. Tiene una madre que va con ella a todos lados: “Éramos dos en una”. Se la invita a poner en palabras aquello que tanto la angustia. Esto da lugar a un efecto sorpresa, apareciendo el sujeto en el reestablecimiento de la cadena significante. La intervención tiene efecto de interpretación. Los cortes en el cuerpo son hechos por la paciente por el exceso de angustia. La paciente ya había pasado por tres analistas. Se interroga acerca de cómo se juega la transferencia en el hospital. Mientras el paciente se encuentra en urgencia se hace el pase todas las veces que sea necesario hasta que se sancione el fin de la urgencia.
Comentarios
Marta Coronel subraya la confianza puesta en la palabra en cada uno de los casos. En los mismos hay un síntoma generalizado que habla de un goce particular. Se apuesta a la palabra en una época donde se juega otra lógica, la de la acción. Los pacientes llegan a la consulta con significantes que los representan, soy negro, soy gordo, soy homosexual, significantes que los segregan.
La admisión se hace pensando en el caso y se piensa en el terapeuta a que se va a derivar el mismo.

Nilda Hermann: En el trabajo de Mariela, el insistir tranquilamente cada vez con diferentes estrategias, es muy interesante como intervención sobre todo para alguien que goza de la exclusión continúa.

Ignacio Penecino: Nombrarse yo soy, la lleva a ese punto de segregación. Hay algo que va a descompletar. Es muy pertinente la pregunta sobre lo hetero, como el otro, lo diferente.

Mariela Gutierrez: La paciente me fue derivada por Ramiro Gómez Quarello y yo tomo eso (lo hetero) de la admisión. Esta paciente finalmente abandona el tratamiento, se autosegrega.

Lucas Leserre: En el caso que trae Verónica el duelo deja en evidencia el dolor por haber perdido esa posición denigrada, posición de goce para la paciente.

Ignacio Penecino: Freud decía que había que ser prudente con las intervenciones en situaciones de duelo.

Nilda Hermann. El punto que nos autoriza a intervenir es que el otro está en una pesadilla. El duelo de esta mujer tiene el tinte de la pesadilla.

Monica Buoreau: Haciendo referencia al caso presentado por Luciana Prota, dice: “La relación conflictiva con la madre hace que se intervenga diciendo que la misma no venga”. La intervención del “Aquí no” es del orden del acto.

Nilda Hermann: Lo que hay que ubicar es el estatuto de ese triangulo, si es algo del orden de la estructura.


Luciana Prota: Lo que se veía en principio era una adolescente que tenía una relación de mucho pegoteo con la madre. El gusto por las mujeres parecía un acto de rebeldía. Al principio estaba en urgencia. La paciente venía marcando su cuerpo sin poder hablar.

Nilda Hermann: Se marcaba o se cortaba.

Luciana Prota: La angustia no la soportaba y necesitaba un dolor físico. La angustia era por culpa por las peleas con su pareja. Era muy precario lo que hacía. Me parecía algo muy fuerte de la época donde está muy presente lo del corte. “Somos dos en una, no somos confiables” estaba todo muy pegoteado.

Ignacio Penecino: Pero flagelarse es una práctica muy antigua, los católicos se flagelaban.

Monica Buoreau: Me parece que lo actual está en el corte y la angustia es porque no había nada más.

Nilda Hermann: Pero ¿se cortaba o se raspaba?

Luciana Prota: Eran raspones pero desde el discurso tenían el estatuto de corte.

Ignacio Penecino: El punto de lo contemporáneo es que el goce no pasa por el Otro.

Nilda Hermann: Pero debe haber alguien que promueva el efecto de que algo del Otro aparezca. Para eso está el analista, justamente para que el Otro aparezca.

Alejandra López



[1] Lacan, Jacques: Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la escuela. Ornicar?1, Barcelona, 1981.
[2] Alemán, Jorge: Nota sobre una izquierda lacaniana, en Pensamiento de los Confines, N·20- Fondo de Cultura Económica- junio de 2007.
[3] Razavet, Jean-Claude: Claro y oscuro. Un control con Lacan. Freudiana 31, 9-14, Año 2001.
[4] Miller, Jacques-Alain : Clase del miércoles 12 de marzo de 2008, en Cusco 2007-2008, Jacques-Alain Miller on line, www.eol.org.ar.
[5] Freud, Sigmund; Psicología de las masas y análisis del yo (1921); Amorrortu editores, Obras Completas Tomo XVIII, Buenos Aires, 1979.
[6] Freud, Sigmund; El malestar en la cultura (1930 [1929]); Amorrortu editores, Obras Completas Tomo XXI, Buenos Aires, 1979.
[7] Lacan, Jacques; La Tercera, en Intervenciones y Textos 2, Manantial, Buenos Aires, 1988, p. 86.
[8] Le Blanc, Guillaume: Vidas oridinarias, vidas precarias. Sobre la exclusión social. Buenos Aires, Nueva Visión, 2007.
[9] Laurent, Eric: ¿Cómo se enseña la clínica?, Cuadernos del ICBA Nº 13, Bs. As. 2007.
[10] Miller, Jacques-Alain: Cosas de finura en psicoanálisis, 2008-09, disponible en: http://www.eol.org.ar/template.asp?Sec=publicaciones&SubSec=on_line&File=on_line/jam/curso/2008.html
[11] Aleman, Jorge: Conferencia dictada en HCSI, 2004.
[12] Freud, Sigmund; El malestar en la cultura (1930 [1929]); Amorrortu editores, Obras Completas Tomo XXI, Buenos Aires, 1979.